Busco días bellos como busco las
estrellas en el cielo nublado,
Cuento horas como cuento compases
y notas en mis hojas gastadas.
Miro las curvas de las nubes y me
imagino tu pecho enmañanado;
Siento tus manos cálidas, pero
no, es solo la luz compasiva.
¡Milano! Que mi vida pende de tu
mirada, adorna mis desvelos y utopías.
Me deja pasmada la mirada: es la
esencia de tu soliloquio amoroso.
Milano, días de tan solo tu boca
tocar.
Corre entre el viento tus dedos saltarines
que tocan mis palmas solitarias.
Suenan las flores como tu risa,
suave susurro entre mi pelo y mi oreja.
Y mi delirio más grande son tus
palabras: fuego y miel.
Te sueño y te pierdo. Día y
noche.
Milano, ven.
Milano, regresa.
Milano, existe.
C.V.