viernes, 30 de diciembre de 2011

La predicadora

La mirada cansada estaba  posada en la ventana, la lluvia fingía lo que no podía sacar de sus ojos.  ¿Pero cómo acabó en la desgracia de la vida?, ¿cómo reventó en la mierda?, señorita las palabras de su boca se caen llenas de pestilencia.
No escribo largo, ni corto. Hoy tengo ganas de escribir de manera corta pero profunda. Hoy es día para desahogarse, para el descanso del alma, para embriagarse, para llevar los sentidos fuera de sus órbitas; para levitar sin meditar.
Como un fiel predicador de la vida voy, ando y converso con los humanos, hablo de que en esta vida nada es bueno y nada es malo, no hay una verdad absoluta, no hay justicia. Como fiel feligrés de la vida ando caminando. Ahora ¿Cómo ese mismo fiel predicador no se digna a pararse a la capilla que le corresponde?. Dime ahora: ¿Le crees, a pesar de su falta al Dios del que te habla?.
Destino: ¡Cómo te atreves a mirar a los ojos a los amigos fieles de tu vida, a tus padres, a tu familia, al hombre que te ama!. Tú no te dignas ni a mirarle a los ojos al Destino, a la vida, a TU vida.
Feligresa: … Destino… yo, yo sólo he hecho lo correcto, he hecho lo que me haz encomendado…
Destino: Pero no te has dignado a posar tu mirada a los hilos de tu vida que las arpías pueden cortar en el momento que ellas deseen. Hija, mírate… haraposa, sucia, mal oliente, mal vivida. ¡No eres la misma desde aquél incidente!.
Mis ojos se cansan de verme, mi boca se cansa de predicar, mis manos de amar, mi alma de sentir, mi vida de andar por los caminos llenos de porquería. Me he cansado.
La tumba de los lamentos viene a cobrarme lo que nunca pagué: Seriedad. Señorita, enserio, dime la verdad: ¿No te cansas de ir caminando llena de porquería?. Piadosa eres hacia los que tú misma suerte van caminando, cansados algunos sin saber que lo están. Vas a darles agua de aliento y les mencionas las palabras que tú misma ni si quiera has tocado con tus manos: ¡Deja de ser santa!, ¡eres un diablo en su mundo y ángel en el nuestro!.
Vete al espejo, renuncia a tu santidad y muéstrale al ser que te ama lo que eres: ¡Un Diablo!, deja de ser santa, deja de ser mentirosa, dile la verdad y vierte en su cabeza el agua pura que merece. Dile que eres un diablo en este mundo y que eres un ángel en el otro. Dale a escoger, como si llevaras una canasta de frutas dulces, si quiere estar contigo en el mundo de los diablos guardianes, esos que piden permiso para hacerte daño, o si quiere marcharse gustoso de haber conocido a una verdadera y estúpida santa. Espera lo que sus labios, que tanto se te antojan, susurrarán: que te abandone como la fruta podrida o que te ame a pesar de que eres un diablo guardián.
Soy la soñadora que tanto ama la vida, soy la soñadora que hace los muertos resuciten de la nada. Hago que las mujeres se frustren por sus deseos fallidos: Con mi flecha he traspasado sus deseos, pero no he sido yo, ha sido mi posesión ante el Destino. Soy la que he aprendido de mi ángel y, al igual que yo, somos diablos guardianes en este mundo y ángeles en el otro. Ese mundo que nadie entiende, que los que no embonamos estamos allí, arraigados.
Algunos pensamos que la soledad es la compañía perfecta, otros que la soledad es cosa mental y otros como yo, la Soledad es la vieja amiga de toda mi vida, que estaré días con ella, que no habrá otra persona más que ella para charlar. La soledad es mi vieja amiga, la de siempre, la que me martiriza y me ama. En ese mundo de “arraigados” vivimos los que pensamos que la soledad es el suspiro de las mañanas, tardes y noches. Los que nos amamos y los que creemos en las heridas y locuras.
Yo soy “La tumba de los lamentos”, yo soy la que despierta a los muertos. Soy el ángel que se va del mundo de los “catalogadores de diablos guardianes”. ¿Te he despertado?, ¿Te he levantado de tu letargo, de tu ayuna y de tu fiel vida?. Mi vida lo siento, pero recuerda que soy: La tumba de los lamentos.
Ahora camino, como Destino me dijo, con la canasta de frutas a decirle la verdad que se esconde en mis ropas y se avergüenza, con la cara inexpresiva, con la mirada fija e infinita, partida y hecha harapos. Bañada ahora en mierda voy a decirle que le amo y que me perdone, pero que así soy: Diablo guardián de todo lo que sientes por mí, porque la vida que ahora escoges ahora la tienes que manejar tú. No me sigas, síguete a ti. No me veas cuando exploto en mierda, explota tú en un lugar con discreción.
¿No tienes miedo a lo desconocido?, yo no. Yo a lo que le tengo miedo es a dar un paso en falso, a quedarme en el pánico y no avanzar, a eso le tengo miedo. A no plantar mi huella en el lugar correcto o ni si quiera hacerlo.
Los cantos se hallan en eco, el eco que hace que tu piel se evapore de sudor, tus labios se hacen polvo, secos están. La vida se detiene y corta y profunda es.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cepillabas tu cabello y salpicabas la sábana de agua tibia. Los aromas de tus cremas hacían que mi nariz y piel se estremecieran y quisieran tocar tu deliciosa piel perfumada. Tu piel morena y bella, esa piel que al tocarla, simplemente, te estremeces y me haces pensar que eres la mujer más sensual que he tenido. Pero en ese momento, sólo cepillabas tu cabello. Realmente nunca pensé que llegara el momento, aquel en que te llegase a ver como cepillas tu cabello en las mañanas, como es que te paras para prender el boiler, como es que con un beso me despiertas. Sí, nunca pensé que llegaría el momento de compartir un piso, una vajilla y una televisión. Y ahora te veo allí, cepillándote el cabello, aspirando tu aroma, viendo tu morena piel que se embellece con los primeros rayos del sol de la mañana.
Entonces te volteas y me ves; me sonríes y te sonrojas. Tu brassier es color piel y tienes puestos tus pantalones de mezclilla. Te acercas y tomas mi despeinada cabellera con tus manos suaves y aromáticas; me besas. Nunca pensé besarte estando completamente solos en la mañana, en una casa. ¡Qué bella eres!.
Me preguntas que deseo de desayunar mientas te pones tu playera, pero yo sólo te veo, porque no concibo que esté allí en una cama, semi desnudo, sólo contigo. Recordaba que “ayer” estábamos en un café y me veías tocar; recuerdo que te había fascinado, que nos frustramos porque no podíamos vernos bien… y ahora… me preguntas que deseo de desayunar.
Como no te respondo, me dices que te diga (siempre has sido berrinchuda), entonces te digo (como siempre) lo que tú quieras, lo que hagas me gustará. Y tu cara de siempre. Te volteas y recuerdo cuando te volteabas y tenias una cintura bella, y ahora más bella que antes.
El clásico olor a tus mañanas: el café. Mientras me despierto y me meto a bañar, tu cantas y bailas, tomas un sorbo de café, todo eso, mientras preparas el desayuno. Escucho tu voz entre el sonido del agua caer de la regadera, escucho los platos como se golpean. Salgo del baño y, aunque no te importa mi húmeda piel, te cuelgas de mi cuerpo y me besas. ¿Desde cuándo haces eso en las mañanas?.
Desayuno contigo, reímos y lavamos nuestros dientes; juntos, todo lo hacemos juntos, solos en una casa, en la mañana de un lunes. Recuerdo que te veía los lunes en la tarde y luego te ibas corriendo a la clase de música. Ahora ya no te veo poco tiempo, te tengo todo el tiempo, ya no corres, te llevo en mi auto y si, sigues en clases de música; la diferencia radica en que es profesionalmente. Yo, mientras tanto, estudio en facultad, voy y vengo, toco mi guitarra y ensayo con mi amigo “Dany”. Ese mismo con el que toqué en un café hace algún tiempo atrás. A pesar de que estamos en el mismo campus, estamos en diferentes edificios y ella, mi ahora mujer, en otro lugar.
Raro ver en qué se convierte uno y con quién termina uno. Yo si quería estar con ella mucho tiempo, pero soy sincero, nunca pensé que viviría con ella. Recuerdo que mucho tiempo nos llevó realizar esto. Ella y yo, planeábamos la renta, los servicios, la comida… todo. Tuvimos ayuda, ya que la suerte estuvo de nuestro lado y sin tener tanto que buscar, tuvimos un lugar donde vivir. En el sur se encontraba mi departamento. A ella le gusta el sur y a mí me conviene.
También recuerdo que ayer en la noche, antes de dormir la vi poniéndose su camisón “hippie”, entonces, como hacía frío, se marcaron sus pezones y sin más que dudar me prendieron. La espiaba sí, pero es mi mujer, ¡me fascina mi mujer!. La tomé por la cintura y comencé a hacerle cosquillas con mis besos. La olfateé y toqué sus senos. Su cabello era suave y su perfume me excitaba más. Es ella la razón de mi desvelo, siempre lo ha sido. Entonces sin más ni menos en esa cama, en ese cuarto, en ese piso, en esa casa… estábamos solos, completamente solos y allí en ese instante le tomé por todos lados, la besé hasta el cansancio, la amé y ella a mí, no hubo un fin hasta que yo dejé libre el principio de la vida humana y ella, cansada, extasiada, me abrazó me besó, toco mi espalada. Yo su rostro húmedo y besándola con ternura le dije que no sabía cuánto la amaba y cuan feliz era yo de que ella fuera mi mujer, toda mía y toda mía será.
Pasamos frío y calor juntos. Andamos de la mano siempre que salimos, espero a que salgas de tu trabajo y cenamos juntos. Hacemos el quehacer y la comida. Todo juntos.
Y ahora te veo allí, cepillando tu cabello, salpicando de agua tibia la sabana salpicada. Y pensando que eres tú mi mujer, la que vive conmigo, la que es mía y la que perdura, porque perdurará hasta que ella muera o yo.
Cada vez que la veo, la amo más que hace algunos años.
  Cv

uno de tantos

es mi primera vez que escribo en un blog, espero no ser de su aburrimiento y les interese