jueves, 14 de mayo de 2015

En el amor...

Un loco, de su cama se levantó para ver en primicia los ojos de la muchacha que conoce hace 5 años. Sólo a eso se levantó y regresó a sus menesteres.
El ojo con las pestañas acarician la tela de la finiestra y el cabello soleado le crea una sutil cápsula lineal llena de luz soltando polen pueril.
No tiene más que una trompeta bien aboyada, nada brillante, pero ¡ah!, qué redondo, jugoso sonido que se derrite en tu boca y entonces es beso, como morder un melón dulcísimo, como tableta de chocolate.
El vecino da conciertitos de trompeta en su azotea y los pájaros se hacen clarinetes y flautines. Todos le aplauden desde sus ventanas.
No tiene más que una pinturita ya gastada de la muchacha que pasea por toda su casa: se la lleva a comer, se baña con ella, se duerme y le cuenta un cuento, le da conciertitos de trompeta.
En su casa, que la tiene escupida de ropa, periódicos viejos, platos de comida sin lavar, dos mesas inservibles, un juego de mesa, tiene un radiecito que figura ser la única conexión hacia el exterior.
No hay noche que no se disponga a dar ese concierto. Toca reglamentariamente 4 piezas, tan diversas entre sí. Pero la última, la quinta siempre la toca, tan delicada pieza que la gente que lo escucha, llora por una ternura tan finísima.
Todas las noches la gente llora, se conmociona en ternura. Nadie puede expresar sus más profundos sentimientos, sino aquel trompetista diciendo su amor a aquella muchacha castañita. Notas de besos y carisias, las sonrisas más sinceras, melodía de finísima ternura.
La noche, las estrellas, el viento frío, las calles vacías, el mismo eco, los faroles, la luz de los faroles… todos escuchan, todos lloran, todos se conmueven. El sonido que embriaga de ternura, de amor, de un amor que el mundo sucio no puede sentir y que envidia.
Y la última nota sublime perpetúa en un beso labios tibios, hasta su próxima inhalación.

C. Cortanze 

viernes, 20 de junio de 2014

Soliloquio


Yo por mi experiencia en sus labios, puedo decir lo siguiente:

Cuando fuego yo, tocó mi rostro con dulzura carnal diciendo a mi oído: No hay puerta que se abra ahora; ni quimera que te hiele. En tu voz me crezco, en tu cuerpo me poso.
¡Oh dulces candelas!. Vibra el fuego en mi plena voz.
No hay piernas, brazos o cabellos. No hay dedos, ojos, boca. No hay nada, excepto el fuego.
He perdido todo lo humano; me he quedado con esencia de su más profunda sed. Gota a gota perdiendo el alma en su cobijo, derramando deseos de agua.
Dando gritos, no sólo de sed, sino de tierra y fresco. De tacto y, al mismo tiempo, de razón. Del sueño más profundo. De la boca sincera. Pueril mirada y además unas tremebundas ganas de exhalación.
¡Mitos crees que te han leído sus siniestros labios!, que te ha ultrajado la carne hasta lo blanco.
Decidiste caminar sobre las piedras rojas, decidiste cantar hacia el vacío, admirando tu reflejo y así, así te ahogaste, Narciso.


Yo del tumultuoso delirio he navegado hacia vosotros, para deciros, no que escapen, si no que acepten que, por más dioses que nos creamos, sucumbimos a las perlas y el oro.
Aceptemos que las perlas y el oro son necesarias, porque sin ello, no sabríamos la total corporalidad, espíritu y aroma que cada uno de nosotros poseemos.
Agradeceros la dualidad, porque no todos podemos ser sol y luna. Agradecer lo humano que somos. Nosotros somos paz y guerra y el andar de la locura.


lunes, 1 de abril de 2013

Cuba y padre.


CUBA Y PADRE.

Son las 2 am y tú sobre el nivel del mar.
Soy mi casa y cama
Y tú, tú te miras en el espejo
Contando arrugas y canas.

Te miro y me apaciguas.
Te miro y me recuerdas
Que no se necesitan los brazos y las piernas
Y músculos firmes para levantar la voz: ¡AQUÍ ESTOY!.

Soy agua de tus cristalinas
Lágrimas nocturnas y tú
Eres risa soleada de mi joven edad.

Mi mano, es tu mano.
Mis ojos, son tus ojos.
Mi risa es tu risa.
Mis sueños son míos
Y los tuyos son del mundo.

Dos de la madrugada
Y te pienso implacable.

Ya te convertiste en piedra,
Ya te comiste los años que corrieron
A la velocidad del látigo antiguo.
Te veo imparable.
Te presiento pluma:
Frágil y viajero.

Cuando veo tus ojos eres un niño,
Eres una pluma.
Eres piel y sangre.
Eres lágrimas y sentimientos.
Eres tú. Gritas: ¡SOY YO!.

Eres pluma y piedra, sí, eres humano.
Pero no.

2 am y tú al nivel del mar.
Tu cuerpo suda.
Te desvaneces y piensas en mí.

Tú al nivel del mar: así te pienso,
Así eres,
Y así morirás.


Constanza M.