martes, 6 de noviembre de 2012

Milano


Busco días bellos como busco las estrellas en el cielo nublado,
Cuento horas como cuento compases y notas en mis hojas gastadas.
Miro las curvas de las nubes y me imagino tu pecho enmañanado;
Siento tus manos cálidas, pero no, es solo la luz compasiva.

¡Milano! Que mi vida pende de tu mirada, adorna mis desvelos y utopías.
Me deja pasmada la mirada: es la esencia de tu soliloquio amoroso.
Milano, días de tan solo tu boca tocar.

Corre entre el viento tus dedos saltarines que tocan mis palmas solitarias.
Suenan las flores como tu risa, suave susurro entre mi pelo y mi oreja.
Y mi delirio más grande son tus palabras: fuego y miel.
Te sueño y te pierdo. Día y noche.

Milano, ven.
Milano, regresa.
Milano, existe.

C.V.

martes, 9 de octubre de 2012

del diario


V.

Así, los fuegos artificiales de mil colores, ¡pero de verdad de mil colores! Se aparecieron entre la noche circular. Entre la luz irreal  de la luna brillante por sí sola. Se parecieron miles de fuegos artificiales. Del túnel de su cara aroma de cerezas con café, y llegó a mis labios como delgado pétalo de tulipán fundido.  Y entre mis labios, con esa sensación, con ese perfume, me fundí en cerezas acolchonadas y calidez.
Sí, era cómo si saliera de un libro, de esos que, en cuanto duermes, sientes la sensación de que él mañana aparecerá y te verá como nunca antes lo han hecho. Era así, una utopía del diario, pero él ya no lo era. Si no me crees un día sal a vernos por la ventana y de verdad que somos una pintura impresionista andando.
Y sí, era una utopía del diario. Es algo desgarrador despertar, ver el rimbombante sol y saber que, por el momento, tu utopía duerme, mientras uno la desea para todos los sentidos. Pero… bueno, allí alberga una pizca de esperanza medio abandonada, como muñeca vieja y sucia. Creyente de cualquier mirada, de cualquier susurro de alguien. Compartir y contar las partículas del viento, oler el pasto verde y hacer el dueto en el amor.
Uno espera desesperado la noche y tomar asiento en la sala de espera del sueño y entonces, encontrarte con la utopía misma y volver a “nacer” con esa delgada pluma que te hace cosquillas en todo tu ser, caminando en la finura del agua. A la espera de la catarsis de tu boca y la suya; combinando lo más puro de los dos seres y haciendo el más puro amor con las manos, la boca y sus caras rosándose uno al otro. Y lo más sublime ya no es el ser y la montaña, ahora el ser y todo el sentir de tu estremecido cuerpo. Cayéndose por cachos de amor y ternura.
Y de nuevo el sol tocando tus ojos y de nuevo la profundidad del hueco que deja esa utopía hermosa. Desesperante y absorbente, ya no hay nadie que deguste el placer del sonido de una abeja.
Noche y día. Así de romántica es el alma de uno.

jueves, 27 de septiembre de 2012

IV


Las olas marinas. Olas marinas.
Los dos, líquido humano, esparcido en el suelo de madera: los dos.
Las olas marinas.
Los dos.
No se dan la cara, no se miran, no se tocan, no se sienten, sólo se escurren  entre el suelo, cómo líquido humano flexible, como agua musculosa, como sangre espesa.
Sonido constante, disonante. Diminuendo, crecendo: de ella.
Pasa el tiempo como si un caracol moviera la tierra. Y por fin, su estable cuello se reorganiza para que ella volteé y diga: ¿Quieres llorar?. Y que el cuello de él se reorganice vertebra por vertebra y la mire, y de sus labios provenga el: NO.
Nadie quiere llorar, es la luz traicionera que empapa sus ojos inundándolos de crecientes lágrimas traicioneras y falsas.
Olas marinas.
Olas marinas que salen de su aire de ella y que, ese mar, vive en su garganta.
Él, que pinta los sonidos con sus ojos, intenta delinear el paisaje que ella canta con su aire puro: Pueril, como el mar de un niño.
El caracol muere y la tierra continua, el tiempo se desquita.
Él se arrastra como gelatina humana para buscar su mochila. Ella, concreta, cuelga su cuerpo en el espacio.
Ya concretados, salen y se miran, aceptando que la luz traicionera nunca existió en sus ojos. Se miran y sienten como poco a poco, gota a gota humana, se mezclan con la lluvia, creando agua, sentimiento y corriente. Se llevan en sus brazos de gota las infinitas tiras de cine de su vida.




C.V.

sábado, 1 de septiembre de 2012

te espio


Te espío. Desde que cerraste la puerta de tu cuarto, te espío. En ese pequeño orificio de tu puerta, mantengo mi visión atenta a cada movimiento tuyo y cuando no te veo, mi cuerpo suda, mi cabeza se cae y mantengo el oído cerca de las paredes de plafón. Sí, te espío.
Cuando cerramos la puerta, lo único que recuerdo son tus ojos. Aquellos ojos indescriptibles, brillantes y siempre que te espío, mi mirada se dirige a tus ojos, no importa que miran, el destello de tus luz a través de tus ojos son siempre la luz de una pequeña esperanza del cajón que guardo celosamente. Quisiera verlos de cerca, quisiera tenerlos frente a mí y ver con claridad esas luces que parecen destellos en un lago transparente. Quisiera… pero sólo te espío.
Te espío con mis manos, mi voz, mi canto, mis sueños asquerosamente dulces e irreales. Te espío con estas simples letras.
Te veo por esa rendija, te deseo. Un deseo no carnal, no sentimental. Te deseo y que pena que no sepas de qué manera lo hago. Siento tu piel entre el aire y mis manos, tu sudor y el aire, tus labios rosas se desvanecen en una sonrisa blanca que cuelga de mi pared. Te saboreo en la nada, te miro los ojos en la luz reflejada de mi ventana, te escucho en canciones que recuerdo, te tengo a lado de mí cada que cierro mis ojos. Allí en esa oscuridad negra, siento tu más profunda piel.  Siento como desgajo tu espalda, cómo tus manos me toman los labios como copa de vino. Siento como si tus ojos me besaran el cuerpo. Como si tu risa susurrante, me acariciara la cara y mi cuello. Yo toda soy agua y vapor y emano tu perfume de piel.
Pero sólo te espío, te miro deseosa de algo que tú nunca entenderás y que es una pena. Es que no importa que tan banal seas, me importa que abras esa puerta, me veas la cara, los ojos y entiendas. Y te espío de todas las maneras que encuentro porque viendo tus ojos, tu risa, tus manos, tu dulce piel me llena de felicidad y deseo que necesito dibujarte en el aire, cantarte con mi voz quemante y mi delirante pensamiento.
Yo sé que todo mi esfuerzo de que me comprendas pasará de puntitas por tu mirada bella. Lloro porque nunca me entenderás.
Entre este delirio y esquizofrenia entonces decido dibujarte una vez más, decido explicarte por última vez mi deseo, con palabras que jamás leerás y, aunque lo hice con mi voz, jamás la escuchaste. No importa… ya cerraré el ojillo en donde te espiaba. 


C.V.

jueves, 9 de agosto de 2012

hoy en la mañana....




En la antigua y eterna noche, enronchada de tonos verdes y azulados, de ese azul que nadie entiende, los furores de mi más interna soledad, o locura, se encuentran en mi limbo durmiente, fascinándolo de recortes humanos, deseos internos (fogosos), que se convierten en un delirio casi, casi, real. Mutándose, mezclándose, llegando por poco a la realidad virtual. En esa noche antigua, enronchada y fría, los recortes de una sonrisa, manos y ojos se confabularon para alborotar esos perros blancos que ladran en mi mirada y corazón, destazando fríamente a lo que realmente vivo.
Al cuarto en que me guarda, delirio palabras incompletas e incomprendidas. Desgajo imágenes queriendo encontrar la imagen real de tu cuerpo. Por más que mis palabras desean tu presencia, más me alejan de lo que podría “ser verdad”. Yuxtapuestas las pocas pistas que tengo de ti, implorando que un mínimo de tu ser se revele ante los reflectores de mis ojos, fotografiando poco a poco tu pómulo, tu cabello, tu torso, tu ropa, tu aroma, hasta crear el perfecto collage de tu cuerpo.
No sé como ande yo en la “realidad”, estoy más perdida en mi dulce de vino y de sueños, que aborrezco la “realidad”. Mas una pista de tu existencia me dan: tus manos, manchadas de tinta, dejan con un movimiento cansado y satisfecho, tú pluma. Una visión cambia, para que tus manos, furtivas, risueñas, se mezclen entre tu piel y mi piel, entre tus dedos y mi obligo. Acariciando un delgado hilo de carne. No puedo describir tanta intriga y locura tengo al pensar que ese vientre mío, tienen el placer de conocer tus lectoras manos. Un placer que no conoce nadie, pero que, a uno de mis perros blancos, acaba de matar.
No logro entender quién ha tramado tu maldita entrada. No sé si maldecir, o bendecir tu intersección a mis tranquilos y engañados deseos. No sé si llorar o esperanzarme por tu aparición. Te creo real, te creo lejano. Como aquel día en que te escribí cuando era niña. Una carta pueril, intuitiva, deseosa, que desdeñaste desde el día en que te la envié y que, por esa razón, nunca apareciste. Ahora, tras la partida de mi inocencia, quieres disculparte manándome fotos de ti, recortes de fotos que hacen más daño a mí desgastada cobija ilusoria.  
Pero no te desdeño, te grito acorralándote, o tratando de hacerlo, palabras inexistentes y bofetadas de deseo, combinando mi sudor con tus ojos, mi boca con tus manos y tu sonrisa con mis ojos, hasta fusionar la plegaria vigorosa de que te quedes o que te intereses en existir.
Aún en mi sueño eres perfecto. Mi piel se evapora, mis labios se deshielan, mis manos se estremecen, en cuanto revelo tu aroma y tus mullidos labios. Te veo con una mirada seria que a cada pista de tu ser, encarcela mi mirada en una sola gota de suspiros. Mi voz no suena, mis manos no toman, mis piernas no se relajan, mis labios no dejan de dibujar palabras. Para qué desear con el cuerpo, si puedo desearte con mi alma. No deseo tu cuerpo sobre mí, deseo tus manos sobre mi cabello, tus labios susurrando letras, tus ojos, mezclados con los míos, imaginando el tamaño del atardecer. Pero por más que no quiero imaginar mi vida contigo, tú simple y lamentable virtualidad, hacen de mí un tormento de deseos sedosos, cálidos, pueriles, pero nunca reales.
 Intento con todas mis fuerzas y lágrimas, salir de ti, escapar de tus brazos cálidos, de tu aroma indescifrable, para ir al aroma de una mañana, a los cálidos brazos de mi cobija. Quisiera nunca hubieses recordado esa carta, quisiera que siguieras en el exilio de mis deseos, en la tullida entrada de las ilusiones, para que no entraras a este agridulce sueño. Quisiera que te encontrara, por allí, en la calle, sentado me miras y que reconocieras a esa mujer, que alguna vez soñó a que te soñó.



C.V.

miércoles, 25 de julio de 2012

Virgil (parte 2 y última)


Quizá fue la primera mujer que me tuvo en su cama,  casi siempre las mujeres huyen de mí; la verdad no sé porque, intento ser cortés, amable y llenarla de cumplidos, muchos, muchos cumplidos... quizá es mi aliento no sé, no creo, me hecho una menta cada 1 hora, así que no creo. No entiendo porqué las mujeres huyen de mi, se me escurren entre mis manos. Pero Ximena me besó. Besó mi cuello y sentía como toda mi piel se despertaba, como un sudor cálido inundaba mi pecho, mi corazón salía de su centro para tratar de envolverla. Mis labios recorrieron cada pequeño poro inteligente de ella, cada dedo puntiagudo. Besé su nariz fría, su pómulo saltón y rosado, el límite de su rostro con su cuello, su mentón redondo y liso, besé todo el límite de su rostro, su oreja y el pendiente de perla que traía. Besé su frente sudorosa y sus cabellos. Besé sus dos ojos terrenales y sus mejillas calurosas. Besé su dulce cuello con ese perfume que me enloquecía, los huesos saltones de su cuello, su candorosa respiración, sus estrías rosadas, en medio de sus dos senos perfectos, recorrí sus pechos con ternura y admiración. Eran cálidos, tiernos, firmes. Besé su ombligo pequeño y chistoso. Su vientre bendito. Sus glúteos redondos, sus ingles penetrantes, sus muslos carnosos y aperlados. Las rodillas redondas con cicatrices, sus raspadas de rastrillo cuando se depilaba. Besé sus pies, cada dedo perfecto. La besé toda, no dejé ningún hueco sin ser amado, probado, olfateado: sentido.
Todo eso hacía que cada pierna, brazo, torso, articulación, se desprendiera de mí. Que no hubiera más hombre y humano que yo, lo más puro que pude ser fue allí, con Ximena. Cuando pude entrar en ella, lo más sublime que pude hacer fue besar sus tiernos, rojizos y delicados labios. Cuando estaba allí, con ella, teniéndola fue como si fuera otra: delicada, indefensa, sensible, pura, transparente. Cómo si esa Ximena fuerte, inteligente, atractiva, se desvaneciera en un tornado de sensaciones. Porque eso es el sexo: sensaciones.
Mi cuerpo ya no era cuerpo, mi ser ya no era ser, no había señal de mí y mi razón. Ese Virgil que conocían estaba durmiendo, siendo, quizá, un espectador de cómo este Virgil se desinhibía, se dejaba llevar por lo que siempre fueron las sensaciones. Ese siempre fue mi mundo, el mundo de las sensaciones. Un mundo que casi nadie puede entender. Era Virgil el humano, era Virgil el hombre, era Virgil sensaciones.
Así fue que un día Ximena se esfumó como el humo de sus cigarrillos. Un día jamás la volví a ver. Ximena me enseño el mundo de las sensaciones eróticas, me enseñó a que existe un día fugaz en donde se puede ser alguien que no imaginabas que era parte de ti. Nunca más la volví a ver. Sí, como dicen, creo que me deprimí…
Apunté los nombres de las dos mujeres: Leticia y Ximena. Las dos son bellas y las dos escaparon. No entiendo porqué. A veces pienso que las mujeres son misterio, unas veces sin querer, terror. Las mujeres, aunque son bellas, hay que tenerles cuidado, mucho cuidado. Cuando tienden a enojarse su belleza se transforma, nunca dejan de ser naturales, pero si bloquean todo conducto de respiración. Yo solía ver a mi madre cuando se enojaba y me sermoneaba. Sus ojos saltones llenos de ira, las venas de las sienes a punto de estallar, desparramando saliva por todos lados. Así mi jefa, ojos saltones, venas a punto de estañar y desparramando saliva. Pero cada mujer tiene su manera de enojarse, si las generalizamos… bueno quizá se enojen conmigo. Unas callan, otras golpean; unas lloran, otras golpean; unas gritan y otras… golpean… bueno no todas golpean físicamente, otras golpean con sus palabras. Son intrépidas, son inteligentes, nada se les escapa, por eso saben donde golpear. Eso nunca lo entienden los hombres, por eso dicen que las mujeres son difíciles; no, simplemente hay que observarlas.
Hoy tomo una taza de café, en el mismo café donde conocía a “doña Lety”. Desde que tengo memoria me interesan las mujeres. Me dice mi madre que cuando era un pequeño niño, no más de 3 años, tomé la cara de una niña de 6 años y me puse cara a cara con ella. No recuerdo nada de ella. Pero lo que me dice mi madre es que la observaba, le toqué su nariz, le piqué su oreja, le tomaba los labios rojitos por una paleta y entonces me separaron de ella. Siempre me separan de las mujeres. No entiendo. No es que quiera ser mujer, no es que tenga una afición por ser una femenina, pero… ellas se me hacen un ser muy sublime.
Ya pagué el café. Mis pasos me guían a mi departamento, me guían a la soledad, a la jaula de la soledad. A veces me da tristeza recordar todas las veces que me alejaron de las mujeres o niñas:
1.    No Virgil, deja a la niña en paz. No puedes estar todo el tiempo mirándole la cara…
2.    ¡Marcia, a leja tu hijo de mi hija!, la aturde y le revisa las manos… ¡caray!
3.    ¡¡Ay virgil!! No llores, es una niña nada más, déjala en paz, vámonos ¡¿quieres!?
4.    Virgil ya lárgate! Deja de mirarme ¿quieres?
5.    ¿Qué rayos me miras?, mira para otra parte ¿vale?
6.    ¡Sí Virgil, soy mujer! Déjame en paz por favor…
7.    ¡¡Virgil es marica!! Ya déjalas en paz, ellas te detestan…
8.    ¡¡¡DÉJAME DE VER!!, ¡¡CARAJO!!
9.    Ya Virgil si te gusta violala, si no LARGATE
10.  Adiós…
Y así… día tras día, nadie entendía mi fascinación por las mujeres, mi madre… solamente, quizá mi amigo Diego, él siempre me consolaba; jugábamos mucho ajedrez y leíamos. Cuando leíamos cada quien tomaba un guión o nos turnábamos los párrafos. Cuando entendió mi fascinación por las mujeres entonces él se volvió pintor. Una vez me dijo en una de sus cartas que me envió desde Rusia:
Ahora entiendo porqué tu fascinación por las mujeres. Cada línea que pinto descubro la belleza y esencia de una mujer. La mujer que sea, encuentro su belleza e inconfundible aroma…”
Estoy en mi casa, sólo, muy sólo. Ni un gato ni perro para que mie y me enoje. Tengo trabajo que hacer, entonces prendo mi computadora de escritorio.
Mañana será lo mismo, café, escritorio, teclas…
Pero no, hoy no es lo mismo, hoy vi sobre mi escritorio pasar a una mujer: Mujer de largas piernas (es que no sé porque siempre se tienen que poner falda y tacones… pueden ser ellas mismas), de cabello negro no tan largo, muy maltratado, su piel quemada por el Sol (supongo que era blanca o algo así), sus ojos eran cafés (después supe su color de ojos), cejas gruesas porque no se las depila. Muy activa y preciosa al caminar… no sé, ella me conmovió. Con su caminar pésimo en tacones, su naturalidad para no maquillarse, su pésimo gusto en faldas. Supongo que ella no viste así, ella es única… es preciosa…
Me da miedo acercarme a ella, supongo que por su carácter activo. Por eso creo que la acecharé… un poco… bueno sí mucho…
La espío por el elevador, cuando sale de su cubículo, en las copias, en el comedor. Cuando va a entregar los reportes al jefe… es tan preciosa… muy explosiva… no sé… es tan… ¡viene para acá! ¿¡qué coños hago?!...
-¡Tú! ¿Cómo te llamas?...-
- (¡rayos! Es tan bella cuando se arruga por el enojo) Virgil… -
-Bueno Virgil, quisieras responderme, ¿Qué te propones por estarme espiando?, al menos eres decente y no te metes en el baño…-
-Me gusta ser decente… bueno yo… lo siento mucho… mmm…-
- Simone..-
-(Simone…¿Simona?... no importa… es bella) Sí bueno, siento acosarte… es que… no lo entenderías… porque…-
-Vamos a tomar un café saliendo de aquí ¿quieres Virgil?-
Pensé que me jugaba una broma, ella, Simone, después de acosarla me invita un café. Mujeres me invitaban un café (paradójicamente con mi vida y las mujeres) porque creían que: o era gay, o las podía entender bien y eso les fascinaba. Sí, Simone me había invitado un café, con esos ojos marrones que no mienten. Sus ojos eran diferentes… estaba enamorado de ella. Durante días y semanas me dediqué a saber sus pasiones. A Simone le disgusta:
El pan frio, el café amargo, los dulces sin un sabor específico, los vasos derramados, el té frío, los asientos calientes, los papeles arrugados, las cosas viscosas desconocidas, los lápices sin punta, los tacones, faldas y el maquillaje.
A Simone le gusta:
El sonido de las teclas de su computadora, el olor de las mañanas, el sol que pega en la ventana, el sonido de sus zapatos en la alfombra, su perfume recién roseado, mojar las galletas en su café, el olor de los libros, recortar fotografías del periódico y quitarse los tacones cuando trabaja en su escritorio.
Lo sé todo, porque… creo que me he enamorado de ella.
Cuando llegué al café (el de toda la vida… mi vida) empecé a explicarle todo. No importó si escapaba o decía: ¡lárgate enfermo!, porque me enamoré de ella. Le expliqué mi fascinación con las mujeres y que, a pesar de eso, nunca me quedaba tanto tiempo en ellas, ni ellas conmigo. Le expliqué mi vida, mis placeres, lo que me disgusta, mi filosofía. Le expliqué porque la “acosaba”, le dije que cuando la vi caminando chueca por los tacones me enamoró. Tuve una leve fascinación cuando se calló porque no se dio cuenta del piso húmedo. Le dije que su perfume fresco me hacía pensar en cada curva de su persona. Le expliqué que era una mujer enteramente preciosa y que la acosaba porque no sabía cómo iniciar la plática, ya que era una mujer rara. Entonces sólo entonces ella me sonrió.
Platicamos mucho tiempo en ese café Müller. Nos corrieron porque ya tenían que cerrar. Nos sentamos en la cera de la avenida y seguimos hablando. Con ella todo ese Virgil raro se desvanecía. Recorrí cada mujer en mi cabeza: Leticia, Ximena, Andrea, Laura, Daniela, Sofía, María, Aline, Marcela, Ángela, Alondra, Alejandra, Brenda, Susana, Beatriz, Gina, Samantta, Valeria, Ana, Gabriela, Ingrid, Inés, Denisse, Julia, Julieta, Karla, Carolina, Paulina, Yunuen, Estella, Carmen, Fernanda, Martha, Teresa, Stefany, Astrid, Diana, Karen, Isabel, Adriana, Paola, Esperanza, Monserrat, Indira, Erendira, Liliana, Mercedes, Lulú, Antonia, Mariana, Natalia, Fabiola, Magda, Magdalena, Sandra, Miriam… en fin… muchas más… no se comparaban con Simone, cada cara y gesto de ellas no se comparan. Son todas mujeres, todas esencia, todas naturaleza, cada una con su modo de vida y son fascinantes, pero Simone…
Al siguiente día, el domingo 24 de marzo, Simone estaba inmiscuida entre todo mi corazón, ojos, alma y sábanas blancas.
Todas me enseñaron lo que es ser mujer, cómo ser mujer y su esencia. Me enseñaron la belleza, pureza, sensualidad. Vi muchas sonrisas, lágrimas y sonidos de voz. Me enseñaron las mañas de las mujeres y sus más tristes traiciones. Me enseñaron el arte del sexo y de la banalidad. Me mostraron el camino fácil de amor y la sensibilidad que cada una necesita. Me mostraron sus perfumes y lencerías preferidas. Me hicieron sentir aún más atraído por cada gesto y gusto de ellas. Confirmaba la naturalidad de ellas: su cabello al viento, su sonrisa abundante, su piel pecosa o pigmentada. Sí, todas ellas se robaron mis suspiros e ilusiones (no me quejo…) y Simone… Simone se llevó todo mi cuerpo y mi poca realidad, se llevó mi razón y mis tristezas, me entrelacé totalmente con cada poro de su tierna piel tibia. Me dejé llevar por entre sus palabras y suspiros. Atesoré, desde el momento que la conocí, cada manía suya. Como atesoré cada nombre y esencia de cada mujer. Me enseñó una belleza totalmente diferente y una intimidad que lo sublime no puede expresar.
Estaba enamorado de ella.


C.V.

martes, 17 de julio de 2012

Virgil (parte 1)


No puedo estar cerca de una mujer. Físicamente, no puedo. Lo más cerca que he estado de una mujer es en el camión… sentados. No sé por qué me pasa. Es algo que no puedo comprender, que mi corazón, mis manos, mi sexo, mis ojos y todo mi cuerpo, no puede comprender por qué no puedo estar cerca de una mujer.  No, no las repudio, ¡al contrario! Las deseo. Ese deseo que nadie entiende. Nadie.
Todos somos animales antes de ser hombres, pero temo que la sociedad donde vivo se ha quedado en el limbo: entre ser animal y humano racional. No puedo ser humano porque no logran comprender ese significado tan puro para mí. Con eso quiero explicar lo siguiente:
-Deseo a todas las mujeres, cada una de ellas, saber de ellas…-
-¿Cómo, coger con todas? Estás enfermo amigo.-
No, no quiero coger con todas, me ofende. Odio que piensen que el sexo es como respirar. Yo admiro y deseo a una mujer por el simple hecho de la vida: esencia. La mujer es esencia natural, no importa como sea, no importa donde viva o donde se desarrolle, la mujer es naturaleza.
Cada centímetro de piel, cada luz en su mirada, cada seno curveado y esponjoso, es lo más sublime que haya visto y sentido. Cada línea delgada que hace de ella una sonrisa, cada arruga pequeña marcada en sus ojos, cada uno de sus dientes, la curvatura de sus dedos, sus uñas mal pintadas, sus caderas anchas y sus glúteos redondos, algunos caídos, no importa son esencia. Cada hebra que compone su cabello, las imperfecciones de su piel, la gordura de algunas mujeres, los muslos tibios, su sexo fuerte y sensual, todo de ellas es perfecto. Es como si el universo creara a una semi diosa, capaz de tener los pies en la tierra y de dar vida y luz a un ser humano. Es una semi diosa. No importa cómo sea ella, es mujer, es esencia.
Una vez conocí a una mujer en un café. Delgadilla de ojos cafés, cabello alborotado, huesuda. Su falda azul obscuro al ras de la rodilla, su suéter de rombos rojos y el fondo azul marino, su mal peinado, esponjado por el viento y humedad y sus zapatos bajos con algo de lodo o porquería callejera, con una gran mochila verde militar, pesada. Tenía como 24 años, pasaba a tomar un café mientras terminaba de llover. Leía algo de matemáticas: El universo matemático, algo así. La miré, le hable. Era una mujer tímida, sus ojos tan pueriles me inspiraron ternura, una ternura inmensa y pura. Sus manos trémulas y huesudas, su dientes castañeantes. Me habló sobre su vida en la Universidad, sus investigaciones, su vida en general. No era una mujer de mundo porque el mundo era cruel con ella. Sus libros, su ciencia y ella, nada más.
No sé si me enamoré, pero su piel medio blanquecina y pigmentada por el sol me atrapó, me enloqueció, no había piel más bella que la de ella. Esas pecas alrededor de su nariz hacia que su mirada fuera más pequeña y pueril, sus ojeras moradas le daban personalidad, su piel pigmentada le daba color. Se lo dije. Se asustó.  Se fue.
No recuerdo su nombre. Laura, Lorena, Luisa… no sé… ¡Leticia! Era Leticia. ¡Ay! Esa doña Lety…
Conocí a otra mujer. De esa sí recuerdo su nombre: Ximena. La conocí en el cine, en el ciclo francés de cine (el ciclo francés de cine es mi temporada preferida del cine. Mi película preferida es Ocho y medio con Federico Fellini). Bueno, salimos de ver precisamente esa película que luego se hizo mi preferida. En el cine ella se sentó, por azar del destino, a lado de mí. ¡Qué aroma! Lo más exquisito que he olido. Fue en esa ocasión mi primer ataque. La necesidad de conocerla, me llevó a la necesidad de hablarle (es por esa razón que puedo hablarle a cualquier mujer, he aprendido a abordar la conversación con una mujer, cualquier tipo). Empecé con cosas sencillas: ¿Le molesta si bajo el brazo de mi asiento?. Después con cosas medias como: Me gustan las películas francesas. Como fue mi segunda mujer desconocida era complicado hablarle. Se soltó la conversación por una simple e insignificante cosa: resbalé como un cerdo cuando salía del cine. No he entendido porqué a las mujeres las cosas más insignificantes son las más magníficas para ellas. Pero el resto de la película, fue estresante: el olor, su cuello, su cabello, su saco rosando mi mano. Era un delirio.
Cuando caí como cerdo, ella me invitó un café. Pedimos café negro, hablamos de la película, la trama, la filosofía de la película… me dijo que era columnista en el periódico semanal más famoso: Decisiones. Era inteligente, crítica, con valor moral. Ilustrísima. Tenía la cabellera abundante y castaña, unos ojos cafés preciosos y penetrantes, una piel morena aperlada, ancha de caderas, con unos glúteos redondos, perfecta. Me enamoré de ella, de ella si me enamoré y creo que mi sexo también se enamoró de ella. Me parece que ella de mí también porque me llevó a su casa, no sé… creo que no, porque ya no me ha llamado, pero yo de ella me enamoré, de eso estoy seguro… o eso me dijeron porque… bueno, no salí de casa cuando no me hablo.
El punto es que… me llevó a su casa; si de por sí yo enloquezco con una mujer, tener sexo con una mujer es como… como si mis manos, mis piernas, mi torso… todo, se fuera a destruir por tan sublime momento. Ella fue una de la mujeres que me enseñaron la sensualidad femenina, la real sensualidad femenina. El describir el momento con palabras me cuesta, lo meditaré por unos instantes.

C.V. 

sábado, 14 de julio de 2012


Save pretty mama

Uno de mis poemas favoritos de Julio Cortazar.




Sálvalo, mamita,
sálvame tantas noches de naufragio,
salva tu blusa azul (era en enero, en Roma)
sálvalo todo, o salva lo que puedas.
Esto se viene abajo, pretty mama,
sálvalo del olvido, no permitas
que se llueva la casa, que se borre
la trattoria de Giovanni,
corre por mí por ti, sálvalo ahora,
te estás yendo y los pájaros se mueren,
me voy de ti te vas de mí, no hay tiempo,
sálvalo pretty mama,
la voz de Satchmo y ese grito
que te sumía en lo más hondo del amor,
save it all for me,
save it all for you,
save it all for us.
Aunque no salves nada, sálvalo mamita.


miércoles, 11 de julio de 2012

anhelos


La lluvia. De pronto pensé que del suelo llovía. Todo al revés: el cielo daba árboles y la tierra agua. Del cielo caían manzanas y peras, de la tierra emergía agua, volaban los pájaros, es más todo el smog estaba entre nuestras piernas.
Todo se tornó diferente. ¿Por qué, entonces, no cubría mis pies de la lluvia?. Pero ya no hubo necesidad, el suelo brilló y los pájaros cantaban debajo de mis plantas de mis pies; de los pies de todos. Podías ver las raíces de los árboles y ver las flores desde otra perspectiva. Lo malo es que te tenías que cubrir, no con una sombrilla, si no con algo más duro, porque caían las manzanas o peras y solían darte en la cabeza o cualquier parte del cuerpo, cuando estaban maduras.
Tú no estás de cabeza, sólo el planeta. Todo lo que conocías como real o coherente se ha coartado en lo que parece un sueño. Lo único que te calma, quizá, son tus padres que actúan como si nada, sólo te preguntan lo mismo: ¿cómo te fue en la escuela?.  Y así, llegas a tu casa, y te preguntan eso. ¿Qué no se dan cuenta de que llueve por el suelo?. Mi madre, que es tan estricta en el orden, no me dijo nada sobre las manzanas que caían del cielo y se suspendían, no caían en lo que para mí era el suelo. Raro. Un olor a incienso inundó mi cerebro.
Siempre esperaba que los días fueran diferentes, pero no tanto como estos: todo está al revés. Incluso pasando por mi calle vi a un hombre rudo alimentando palomas y aun hippie vendiendo marihuana a viejas personas. Me enteré de que mi hermano se enfermó de osteoporosis y de que mi abuelo tendrá un hijo. Me enteré que la persona menos formal quiere que su novia se case con él y de que el chico que, se supone ama a su mujer, quiere las cosas tan lentas que ella se está desesperando. No sé porque mis padres no se preocupan o mis amigos. Los veo tan pacíficos.
Salí hacia la calle o… cielo, en busca de ver algo cuerdo, normal y ético. Pero en vez de eso vi todo tipo de cosas. Las prostitutas de calzada de Tlalpan daban terapia amorosa a los hombres divorciados. Las monjas y curas tenían sexo en frente de todas las personas y nadie lo veía anormal. Los camioneros eran amables. La Universidad estaba repleta de indigentes leyendo poesía o cultivando a los alumnos y (antes, o en una vida real) maestros.  El presidente regalaba su salario y los ciudadanos decidían todo lo que se debería hacer. Los niños trabajaban y pagaban sus necesidades. Los adultos jugaban en los parques y trabajaban para los niños.
Todo era al revés, no sólo el cielo, si no la sociedad. Pensé que el mundo era el que estaba chueco y que los humanos eran iguales, pero me equivoqué, todo está de cabeza. Los leones se aparean con las ovejas, las vacas con los hipopótamos, los delfines con los tiburones y todos eran iguales.
Había sexo en todas partes, no se controlaba el instinto. Había encerrados en todas partes, los nudistas se negaron a ver atrocidades sexuales.
Entonces, durante un montón de escenas: caritativas, sensuales, hermosas, sublimes, pornográficas, empecé a cantar. Viendo las nubes pasar entre mis pies, pensando que iba a pisar la noche. Pude comprender que sólo tenía que dejarme fluir por esta sensación tan extraña de inversión.
Comencé a correr por entre el cielo, viendo las peras suspendidas. Vi y escuché los pájaros cantar rock y los gatos maullar Mozart. Los perros entraban a los baños públicos para hacer sus necesidades. Seguí corriendo, corriendo y cantando. El ambiente se llenó de aromas frescos, de aromas “vientescas”. Pisé excremento de pájaro.
Muchas cosas que para mí eran anormales en algo “real” eran posibles. Muchas personas que conocía se volvieron sus contrarios. Pero, ¿por qué yo no me convertía en contrario?. No tengo la menor idea, pero me sentía bien porque podía disfrutar todo lo que yo veía y escuchaba. Entonces tengo muchas cosas que aprender ahora que la realidad es otra.
Después de largas horas de poder cantar con unos amigos que conocí en esta nueva vida (que me hace tan feliz) pude dormir como nunca, sabiendo que mañana las clases no iba a ser clases. Sólo que los gritos de la vecina no me dejaban dormir. Entonces opté por escuchar una canción. Me puse a ver las estreñas que tan cerca las tenía, pude undir mi rostro en la luna y saber que era más comoda que una almohada, no era sólida ni liquida, era una sensación extraña. Me regaló su brillo plateado y me dijo: Eres sólo un pasajero. Cantaba mientras escuchaba una canción:
am the passenger
And I ride and I ride
I ride through the city’s backsides
I see the stars come
Out of the sky
Yeah the bright and hollow sky
You know it looks
So good tonight
(Iggy pop)
Dormí entonces, bajo el encanto de la luna y del sueño… y de los gritos de la vecina.
Desperté y la luz del Sol terrestre, me sorprendió, porque iluminó todo. Entonces salí corriendo a respirar aire verde. Todas las hojas estaban regadas en el suelo, la luz provenía del cielo y toda mi ilusión de poder disfrutar una nueva “realidad” se esfumó. Destino sólo se fumó un cigarrillo de mi vida.
Vi a un pajarillo nacer de su cascarón, era hermoso, de plumas castañas, de ojos bellos, de un lunar negro y voló hacia el Sol.

C.V.

lunes, 23 de abril de 2012


Soeur.
Los pajarillos cantan a tu ventana y tú no los ves
La luz entra y te abraza y tú te vas
El aire te sorprende trayéndote una brisa cálida y tú te quitas
Qué es lo que quieres! Dios grita.

Soeur… el canto de la tierra te ama
Soeur, la vida misma te llama.
Soeur la luna aclama tu existencia!.
Soeur, yo misma sin saber de ti te llamé!.

Ves tu rostro en el agua y sólo lo miras:
Ve de nuevo, qué es lo que ves?
Tienes un alma, tienes un par de alas a tu costado.
Tómalas, vuela, vuela que no te alcance nadie.

Tú, soeur, eres una luz
Tu cuerpo es una luz, carece de forma
Flota y aflora en cada paso tu luz
Eres luz cegadora, eres la luz naciente de cada día

Eres la luz que no necesita un mundo para vivir
Te han encapsulado
Te han dado una forma, un sentido
De vez en cuando se escapa la luz de tu real cuerpo:
Una sonrisa, una mirada, un abrazo, un beso…

Somos iguales soeur, nacimos iguales!
Somos piedras que guardan una luz interior.
Pero mírate, anda mírate!.
Mírate bien, que Dios existe cuando te miras.

Ahora vuelven a ti los pajarillos del otro día
Ahora escúchales y dales de tu sonrisa eterna.
Ahora visita al Sol y abrázalo y quiérelo como él a ti.
Ahora escucha a lo que te rodea y ámalo.

Cuando te enfrentes al viento, a la brisa
No temas soeur, abrázalo y quiérelo
Cómo ella a ti, porque esa soy yo.



domingo, 19 de febrero de 2012

yo... y mi taza que dice believe morada

Tomo mi tercera taza de café. Se acabó el café de siempre. Mi madre me compró uno: Nescafé, el mismo olor soez de siempre. El mismo olor que me despertaba en las mañanas cuando mi abuelo se despertaba cuando iba por su mercancía.
Tengo serios problemas: la noche me parece día, y el día perfectas horas para dormir. Mientras el Sol dice “hola” yo quiero dormir y que nadie más me moleste, más que mis raros sueños. Un día soñé con una gran galería de pinturas, la otra vez con una gran cena que tenía que comer. Sí, mis sueños son estúpidos o tontos. Sólo uno me dio miedo: mi madre me despertaba para ir a la escuela… espera… ese era verdad! Sí era día de san Valentín. El miedo consistía en que eran 10 para las 6 (hora que tenía que estar vestida y lista para mi salida… y mi regreso porque siempre se me olvida la credencial) y ese día era examen de una materia que no entendía… ni siquiera sabía qué examen iba a presentar. Sí, mi San Valentín lleno de sueños y ojeras. Y así fue…. sólo unas horas fueron diferentes, valla que fueron diferentes. Quisiera que muchos de mis días fueran así.
Tengo como 3 tatuajes de hena en mi cuerpo, no son sexys porque mi motivo no es mostrarlos a la sociedad, como una chica de la prepa. Ni siquiera sus tatuajes fueron lindos, parecía una pared rayada, como una pared de metro. Me gusta tatuar mis brazos. Recuerdo a una pareja de novios escribirse en las manos, es (para mi) un símbolo de amor: las manos. Más que tener sexo, socialmente “ya no ser virgen”, tener sexo cada 3 día, comprar condones, dar un beso apasionado, para mí eso no era símbolo de amor ni de placer. Las manos significaban muchas cosas para mí. Con las manos puedes indicar que tan penosa estas, que tanto quieres llegar cuando estás en un momento sexual (eso me lo dijeron por algún lado), que tanto sientes a la persona, que tanto amas, que ternura puedes sentir, que sientes, que demuestras, que miras, que quieres, que das y que mereces. Las manos para mí lo son todo, no me importa sin son bellas, me importa lo que me dan a mostrar. He tenido muchas experiencias significativas con las manos: mi madre cuando me toma la mano en la noche, no sé porque, siento como la primera vez que la vi y la sentí: cuando nací. Cuando me besó un chico y tocó mi rostro… sabía que él no sentía nada. Cuando mi padre me tomó con sus manos mi cara queriendo limpiarme las lagrimas, rayos!, eso ya no lo hace es un recuerdo tan vago, cuando era niña. Recuerdo cuando mi novio toma mi mano y la aprieta o la besa, la toma una y otra vez afirmando que soy su chica, siendo tan orgulloso cuando me toma de la mano. Soy su chica, siempre lo he sido, hasta cuando no sabía de su existencia.
De hecho ese muchacho es tan… diferente: es una gran persona, ni siquiera lo intenta, sólo es así. Es bastante raro, tiene una cara de niñito, pero para mí es el hombre más macho que puede haber. Tiene un cabello extraño que nadie sabe si es rizado o… algo, o siquiera si es cabello; pero a mí me gusta porque lo hace diferente: ni lacio, ni rizado, ni quebrado ni nada, sólo cabello. Me gustan sus labios tan perfectamente hechos. Se parecen a los de su madre, como si en fotoshop hubieran señalado los labios de su madre y copiados a los de mi novio. Tiene unas manos acolchonadas y llenas de ilusiones, me gustan porque esas manos me hacen de su propiedad. Me gusta su forma de vestir aunque sea diferente: ñoñas playeras, rockstar, pandroso… no lo sé tiene tan diferentes personalidades, así como yo, no tantas porque no las conoce, pero sé que las tiene y algún día todas esas personalidades se casarán y serán felices. Me gustan sus tenis cosidos, les da un aire de: soy desaliñado, pero odio estar mal vestido. Porque es una persona ordenada y se esfuerza mucho. Me gusta cuando come dulces, se parece a mí cuando los mastico. Nunca lo he visto comer sanamente, ni hacer ejercicio, pero creo que cada día está bien bueno (repito: para mí es un hombre muy macho, aunque tenga cara de niño, o parezca muñeco de pastel de casados). Siempre lo he visto comer cosas chatarras. Me encanta. Me gusta cuando me ve en cualquier estado en el que esté, me hace llorar cuando me dice que me ama y estamos en los peores momentos, me hace llorar que me abrace cuando hago mil berrinches, me hace llorar de felicidad cuando se colgó de la reja de Churubusco y me dijo: TE QUIERES CASAR CONMIGO?!!!!!. Lloré de felicidad. Amo sus manos cuando bajan de mi espalda y toman mis manos y me mira a mis ojos y me dice: te amo. Me fascina cuando sus labios tocan mi cuello y me dice que me ama. Siempre me dice que me ama. Amo cuando se porta como un pequeño, cuando pateamos cosas por las calles, cuando creímos bajarnos los pantalones en el camellón. Y lo más importante: AMO SUS OJOS!!! SE ENCUENTREN COMO SE ENCUENTREN: tristes, enojados, estresados, somnolientos, amorosos, juguetones, albureros, chistosos, cerrados, cuando les pega el sol, cuando me ve, cuando se enoja conmigo, cuando discutimos, cuando comemos, cuando duermen, cuando me besan, cuando me dicen que me ama. De mil formas me gustan sus ojos: AMO SUS OJOS!!.
Me gustan los ojos de las personas, porque puedo ver todo. Nunca he tenido la preferencia de ojos de color, simplemente me gustan por alguna extraña razón los ojos que siempre tienen algo que mostrar. Conocí a un compañero que tenía unos ojos que parecía como si siempre estuvieran hablando, pensando, esculcándote entre un proceso de abstracción. Mis ojos no me gustan,  son pequeños, sin forma y sin chiste. Sólo son cafés. Como en Nescafé soez que me sigo tomando.
Me acuerdo de mi abuelo. Mi madre se parece a él, su actitud es igual. Cada mañana toma una taza de Nescafé. Son las 3 de la mañana, me harté de tomar café, quiero tomar vodka, quiero estar con mi novio porque quiero molestarlo mientras duerme, quiero cantar, quiero andar despeinada… lo siento, ya lo estoy. Quiero ponerme el bóxer de mi padre. Yo lo hacía cuando era niña, de hecho había unos que cuando caminaba se me caían, eran blancos. Quiero que haga calor, quiero que esté mi novio para darme calor y molestarlo sacándole los mocos. Mi hena huele mal, creo que se echó a perder (jajajajajaja).  
No me importa cuando dormir. Dormir es la peor actividad del día ¿en qué aprovechas esas horas?, olvídalo, estoy delirando. El peor aprovechamiento de mi semana son esos 50 min que me gasto en la clase del maestro más estúpido del mundo. Pero no quiero dormir, aunque ya no pueda escribir más palabras. Deseé estar despierta escribiendo y pensando en que me gustaría estar en muchas partes: en un mirador viendo las estrellas, en la ENM tomando clases de canto, en la casa de mi maestra de canto (que es una gran mujer) viéndola dormir, tomando una taza de chocolate con bombones con mi novio, riendo porque tengo frio. Quiero estar despierta porque quiero soñar con eso. Ver los ojos de mi novio. Pensar en los mil libros que tengo que leer y componer una pieza. Imaginando que fumo, porque no puedo hacerlo: no tengo cigarrillos y echaría mi carrera por la ventana.
Dormiría hasta que el camión de la basura llegara al edificio. El Nescafé se acabó. Quisiera hablar de mil cosas más, pero ustedes ya están bien dormidos y yo muy divertida viéndolos jetearse jajajajajajaja!!!.
Amo a mi madre, amo mi casa, amo mi ropa rota, amo mi baño porque yo lo lavo, amo mi pijama porque no es especial, amo mis ojeras, amo mi cama aunque me duela la espalda, amo Brenda, amo a Ángel, amo a Andrea, amo a Fernanda, porque me hacen reír todos los días. Amo mi locura, amo mi gripa, amo mi necesidad de hacer pipí y seguir escribiendo, amo mi voz aunque sólo la escuche en mi cabeza, amo cantar, amo pensar que la noche es mía, amo el agua cuando me baño, amo mi café de siempre, amo el jugo de naranja de todos los días, amo meterme en problemas, amo mi vida porque así es perfecta. Amo a todo lo que me rodea y a lo que me €hace ser. Amo a Giovanny.
Amo muchas cosas, amo el sueño que me está dando…
Quiero dormir, ahora sí quiero dormir… quiero que vean mi escrito todo mal trecho, pero me gustaría que lo vieran. 

viernes, 27 de enero de 2012

y tú.

Las sobras aparecen en mi cuarto y no dejan dormir,
Mil sobras aparecen y empiezan a tirar las cosas de mi cuarto.
Mil “gatos negros” tan sigilosos parecen atacar
Uno se esconde en mi cama otro parece ya saltar.

Puros susurros entre los segundos no dejan ni pensar,
Puros susurros que absorben mi mente no deja ya dormir
¿Qué es lo que pasa? En esta noche que tan pacífica quiero ser
Pero mil sombras confabulan para a mí desaparecer.

Luz en mi cuarto, la cama me he de levantar
He de espantar a las sombras pero estas han escapado ya.
Pienso un segundo, diviso un susurro que parece atacar,
¿Qué es lo que pasa?, ésta noche tan pacífica quiero ser.

De las esquinas se escurre la locura,
De las paredes se profana el amor
Murmullos de mis labios empiezan a florecer
Murmullos extraños llaman a las sombras que parecen retoñar.

Una batalla de sensaciones empieza a suceder,
De mi cabeza un espía vigila mi sentir
Ocurre que salen, de pronto diviso mil palabras fuera de mí.
¿Qué es lo que pasa? Cuando lo privado vuela y se casa.


Unas tatúan un nombre que conocido suele ser,
Otras dibujan un rostro, sus ojos brillantes resaltan y atacan a mi corazón
Un mar de besos, suspiros, carisias empieza a ser
Las palabras se forman y empiezan a sonar.

Entre gritos, suspiros y besos una está de más
Tan disonante, imperfecta se escapa y en el viento ya no está
Es contraria sublime de otra y sé que en sus ojos está
Cuando toda palabra concretan mi noche creo ya no hay más que pensar.

Tantas palabras concretan mi suerte y mi realidad.
Una llamada sorpresa despierta mi encanto y verdad.
Suena su voz tan hermosa y todo se empieza a limpiar.
Una palabra se escapa y llega hasta su hogar.

Mil horas pasaron entre las palabras y las ingratas ya se van.
Su voz que suena calma mi locura, ella ya durmió.
Un te extraño se escapó y a sus oídos aturdió.
Llamó porque sabía que era locura quien lo alebrestó.

Como conoce bien a ésta mujer,
Pronto buscó sus palabras en su pared
Entre susurros unidos, las palabras se unieron:
Las almas, los brazos y los labios.

miércoles, 25 de enero de 2012

estupidez

¿Porqué seré tan estúpida?, ¿Porqué pretendo ser algo como un pinche “farol”?... ¿Porqué tiendo a ser tan, pero tan estúpida?. Alguien que me responda ¡¿Porqué soy tan estúpida?!. Yo misma me responderé:
Desde unos años para acá en mi vida ha rondado la estupidez. La primera fue tener todo en la vida. Como una reina era yo: hablaba y todos me obedecían. –Señorita, disculpe, ¿porqué fuiste tan estúpida?. La segunda estupidez (una muy grande) fue toparme con la persona más asquerosa que he conocido. Sí, ella hizo que creyera tantas cosas y allí va de nuevo la pendejes: lo creyó. Y entonces, se lanza ella sola al precipicio.
-Ay!... ¿qué no te dije que no supieras?. Eres estúpida.-
 Y así… así vagando se encuentra entre la estupidez y la lucidez. Vaga entre mil vacíos y vagas esperanzas plásticas. Nunca ha descubierto la verdad. Y si esa estúpida señorita sigue diciéndose estúpida jamás llegará a encontrar la verdad.
Y entonces cuando empieza (patéticamente) a llorar empieza a golpear su ego (aun más) y a destrozarse y entonces es cuando dicen: ¿Entonces qué resultó ser ella? Una patética. Y nunca ha descubierto la verdad y si sigue escribiendo estas líneas tan estúpidas que siguen haciendo que se vea más patética, nunca se conocerá de lo que es capáz. Nunca conocerá que pudo hacer algo en vez de mentarse la madre, quedará siempre en el “entonces” para causar lástima y, si esto tanto purga en tu alma, entonces porque te inclinas a que te digan eso, a que te digan que no puedes seguir con esto porque no eres la brillante que pudiste ser.
Palabra que abunda en mi vida: Pudo ser… Porque no saltar y saltar fuerte de la gran montaña. Que no saltes porque los demás, que están en la mar, te digan que saltes, ni voltees atrás cuando sabes que eres una cobarde. ¡Salta porque deseas saber de qué eres capaz! Capaz para restregarte en la cara que eras una verdadera estúpida por decirte así. Restregarles a la cara las acciones en, las que pensaban, que eras la típica chica estúpida. Ve y diles a los demás lo mucho que estuvieron equivocados al burlarse de ti. Pero nunca se los digas, siempre díselo con acciones. Porque si te crees un espejo, refleja la luz, porque si crees que eres el viento, azótalos contra el muro, porque si eres amor, arráncalos de su ignominia sentimental, porque si te crees que eres superior a ellos, ten la humildad de saber que eres muy estúpida al no saltar y ser lo que no eres.
¡¡Vámos!! ¿A poco crees que no puedes hacer eso?, sabes que esta protagonista es una soberbia. Sí, una soberbia porque dice y hace lo que no puede demostrar. Si eres capaz de saltar, salta porque tu corazón no puede más estar en tierra, salta porque ya te hartaste de caminar, salta porque ya quieres volar y quieres pensar. Sólo salta porque es necesario en ti, no hay otra sensación que no sea saltar y ser lo que uno es. No saltes porque te pegaron en tu “hermoso” ego de farol.
Mientras más estupidez en tu cabeza exista, menos conocerás la verdad de lo que eres capaz. Eres capaz de muchas cosas. Que no te hagan llorar, enojar, o pretender ser soberbia. Salta porque quieres empezar a volar y hazlo ya, porque la vida se te va.

viernes, 13 de enero de 2012

allí tu...

Buscaba, buscaba. Algo tan dentro que se enconchaba, no fluía, no dejaba de esconderse. Pero buscaba, por dentro, por fuera. Sin razón y con cuidado. A lo largo y a lo ancho, a lo parco y a lo barroco, pero nada salía. No había molde alguno, ni luz, ni razón. Quizá no debía de buscar, quizá ya estaba a fuera pero no sabía. ¿Qué si ya se me agotó o perdió?... no, aún está allí… espero.
Veo de un lado para el otro. En la noche, en el día, en el agua que tomo, en la pared blanca y… nada. En una flor que quedó congelada, en un espejo polvoriento, en una película, en una cobija de lana, en mis ojos y en mis labios y nada.
Me quedo acostada en mi cama y cuento días y recuerdos para pensar donde habré perdido lo que ahora necesito. 248 días que empiezo a recordar. Busco en cada día y recuerdo cuando lo tuve, cuando pasaba entre mis manos, cuando lo encontraba en mis ojos. Los días que no estaba pero siempre lo encontraba entre mil letras esporádicas. En la noche, entre el viento, en el vino, en el azúcar.
Busco en el pasado y en el futuro. En el pasado muy atrás, siempre fue perpendicular el andar, en el pasado antes del día 248 el paralelismo fue lo indicado y, lo que no se pensaba nunca, la especialidad. Siempre lo he encontrado entre risas y entre especialidades. Creo que alguna vez me lo comí… fue divertido.
Antes no tenía frio y creo que me veía bien. Te juro que busco y busco y no encuentro. Antes me salvaba del calor… o quizá era como un fogón andando por entre mil paisajes. Siempre hizo de mi vida un lugar diferente: entre lo desconocido, entre mil especias, entre lo grande, lo simple, lo infantil, lo maduro. Entre la transparencia y pureza.
Las estructuras nunca las respetamos. Sí! Ya busqué por allí, pero ¡no he encontrado nada!. Busqué entre el sonido, entre mi voz, mi guitarra donde creí que lo encontraría, entre los silencios, en mis manos… nada.
Sabía no café El. Él sin simple era cuarto El. ¡Sí! ¡También busqué al derecho y al revés! Entre lo que no se entiende y lo que es totalmente obvio. Busqué en la parada de mi camión y entre miles de miradas. Busqué entre piezas musicales y entre sus letras. Pero nada tenía sentido. Entre las teclas del piano, entre la delgada cuerda de la guitarra, entre un susurro de canto. Pero en cualquier momento, objeto, paisaje, ente, cosa… en ninguna parte no lograba encontrar lo que tanto buscaba y añoraba.
Abrí mis cobijas entre todo el frío y el calor de mi cuerpo se esparció en el cuarto creando vapor en mis ventanas. Allí te quise buscar, entre todo ese vapor, entre todo el frío, entre todo lo cálido y entre el amanecer.  Y encontré la mirada.
Llegó el amanecer y el sol se coronó. Mi taza de café humeaba y, aún en pijama, veía como la ceremonia del sol empezaba. Se iluminaron mis ojos y mi cuerpo. Mi café me calentaba mis manos y mi cara. Deleitaba mi aromática infusión: encontré el sabor.
Despojándome de mi placentera flojera, me metí a bañar. Me quité mi pijama y, lagañosa, me metí al baño tibio. El agua caía en todo mi cuerpo, los poros de mi piel brotaban si cesar absorbiendo el aroma de los mil aromas de los jabones. Salía vapor del agua caliente y se mezclaba entre los mil aromas. Entre tanto baño encontré las manos.
Y entonces me asusté, entonces dije: ¡caray! ¿Qué serán aquellas todas esas cosas que vi?, tengo el presentimiento… pero… es imposible…
Ya entrando el día relataré la aparición:
Habiendo puesto mi teclado en pose para tocar y yo para cantar, abrí mi estudio con una escala (entonces vi la sonrisa). Entonces entre tanto estudio y canto, entre mi más esfuerzo de voz y melodía, entre tanta pasión y locura, entre tanta ilusión y cariño, entre lo real y mi mundo. Entre todo el viento que salía de mis labios, el esfuerzo corporal al cantar. Mis dedos que se entrelazaban entre el piano y mi voz. Entre la letra de la canción. Entre la entrega, el sudor, el amor y la fidelidad. Entre todo mi mundo que amo y no dejaría: Lo encontré… allí, sin prejuicios, llegado de una utopía.
Estaba allí, lo que tanto buscaba, lo que siempre busqué en todas esas miles de cosas y miles de sitios y entes y pensamientos: de la pasión, del amor: Llegó. Está aquí conmigo…
Lo vi y sonreí.


jueves, 5 de enero de 2012

Pez... para ti, desde el fondo de mi mar...

Nunca he pensado que mi vida sea de estructuras, de ideas que se plasmen y se realicen con tanta mesura en su razonar. Siempre he pensado que es todo lo contrario.
Desde que era un huevecillo aprendí que la corriente es traicionera: es dura y fría; es templada y suave. Cuando nací no hice otra cosa más que sobrevivir, nadar y aprender a alimentarme. Crezco y caigo en cuenta que nada ni nadie estarán para mí. Nadie crea mis estructuras y sólo, un pez en toda esta inmensa y abrupta agua, tiene que vivir.
 Soy un pez de agua dulce, pero mi sueño es ir al mar. Me dice muchos, que el mar es el lugar más extenso, bello, maldito, soberbio, precioso, noble, sublime y natural que puede haber. Pero todos dicen: ¿Qué harás tu allá un simple pez de agua dulce?.  Otros me dicen: ¿Tú, ir al mar?, ¡pero si eres un pez de pecera ¡no eres más grande que una barracuda. Sí, no seré para el mar, pero el mar será para mí.
Pude no tener estructuras para que, al subir la cascada, no me coman los osos. Tuve mucha suerte e intuición. Pero como ves… no es todo en la vida. Las pasiones no lo son todo.
Mil peces andan nadando por allí, dos que tres se han quedado. Uno de ellos, me enseñó que las aguas árticas no lo son todo. Me enseño a buscar un hogar, a comer de una manera sana, a amar el clima templado, a querer nadar por la libertad. Era un pez espléndido. Sus escamas eran brillosas, herida que tenía, herida que cubría, porque su luz no tenía igual. Su calor y cariño tampoco. Su carisma hacia que la vida de un simple pez fuera más cariñosa y visionaria. No puedo decir lo mucho que amé a ese compañero de trayecto, fue el mejor pez que he tenido en mi vida.
Cuando llegó el momento de partir, las pequeñas lágrimas plateadas se salieron de mis ojos negros. No puedo evitar llorar cada que me acuerdo de él. Siempre fue y será un gran, gran pez. Sólo de recuerdo tengo su brillantez, su calidez y su fortaleza. Un pez que todos deberíamos valorar. Yo siempre lo amaré.
Pero entre todo ese camino, siempre viene el atascadero. Una cuenquita de de lodo no me soltaba y gritaba a mis oídos las más puras maldiciones. Gusanos por aquí e insectos por allá. No comí, no dormí, no dejé que la fuerza del lodo me absorbiera. Luché, nadé, lloré, me perdí en la misma herida. Pero una vez, cuando nadie se acordaba de mí, de esta estúpida pez, salió un algo, nunca supe que fue; desperté y, como si fuera el primer día del atascadero y nadé, sin parar, sin dejar de tener fuerzas, nadé con tanto coraje que las lágrimas plateadas se salían y se volvían sangre. Sí, lloré sangre, tanta desesperación de salir, que nadé y lloré sangre.
Quiero que algún día que nades por estos lares, este mar tan bello y puro, tan soberbio y maldito, te acuerdes del destino. Cuando “destino” llegue, yo estaré allí.
Pez bronceada, de ojos ámbar. El mar te espera, el mar te arropa. Nada entre algas, nada entre arena. Pez sueña, Pez nada, Pez realiza, Pez pura: Constanza… ama.