La lluvia. De pronto pensé que del suelo llovía. Todo al
revés: el cielo daba árboles y la tierra agua. Del cielo caían manzanas y
peras, de la tierra emergía agua, volaban los pájaros, es más todo el smog
estaba entre nuestras piernas.
Todo se tornó diferente. ¿Por qué, entonces, no cubría mis
pies de la lluvia?. Pero ya no hubo necesidad, el suelo brilló y los pájaros
cantaban debajo de mis plantas de mis pies; de los pies de todos. Podías ver
las raíces de los árboles y ver las flores desde otra perspectiva. Lo malo es
que te tenías que cubrir, no con una sombrilla, si no con algo más duro, porque
caían las manzanas o peras y solían darte en la cabeza o cualquier parte del
cuerpo, cuando estaban maduras.
Tú no estás de cabeza, sólo el planeta. Todo lo que conocías
como real o coherente se ha coartado en lo que parece un sueño. Lo único que te
calma, quizá, son tus padres que actúan como si nada, sólo te preguntan lo
mismo: ¿cómo te fue en la escuela?. Y
así, llegas a tu casa, y te preguntan eso. ¿Qué no se dan cuenta de que llueve
por el suelo?. Mi madre, que es tan estricta en el orden, no me dijo nada sobre
las manzanas que caían del cielo y se suspendían, no caían en lo que para mí
era el suelo. Raro. Un olor a incienso inundó mi cerebro.
Siempre esperaba que los días fueran diferentes, pero no
tanto como estos: todo está al revés. Incluso pasando por mi calle vi a un
hombre rudo alimentando palomas y aun hippie vendiendo marihuana a viejas
personas. Me enteré de que mi hermano se enfermó de osteoporosis y de que mi
abuelo tendrá un hijo. Me enteré que la persona menos formal quiere que su
novia se case con él y de que el chico que, se supone ama a su mujer, quiere
las cosas tan lentas que ella se está desesperando. No sé porque mis padres no
se preocupan o mis amigos. Los veo tan pacíficos.
Salí hacia la calle o… cielo, en busca de ver algo cuerdo,
normal y ético. Pero en vez de eso vi todo tipo de cosas. Las prostitutas de
calzada de Tlalpan daban terapia amorosa a los hombres divorciados. Las monjas
y curas tenían sexo en frente de todas las personas y nadie lo veía anormal.
Los camioneros eran amables. La Universidad estaba repleta de indigentes
leyendo poesía o cultivando a los alumnos y (antes, o en una vida real)
maestros. El presidente regalaba su
salario y los ciudadanos decidían todo lo que se debería hacer. Los niños
trabajaban y pagaban sus necesidades. Los adultos jugaban en los parques y
trabajaban para los niños.
Todo era al revés, no sólo el cielo, si no la sociedad.
Pensé que el mundo era el que estaba chueco y que los humanos eran iguales,
pero me equivoqué, todo está de cabeza. Los leones se aparean con las ovejas,
las vacas con los hipopótamos, los delfines con los tiburones y todos eran
iguales.
Había sexo en todas partes, no se controlaba el instinto.
Había encerrados en todas partes, los nudistas se negaron a ver atrocidades
sexuales.
Entonces, durante un montón de escenas: caritativas,
sensuales, hermosas, sublimes, pornográficas, empecé a cantar. Viendo las nubes
pasar entre mis pies, pensando que iba a pisar la noche. Pude comprender que
sólo tenía que dejarme fluir por esta sensación tan extraña de inversión.
Comencé a correr por entre el cielo, viendo las peras
suspendidas. Vi y escuché los pájaros cantar rock y los gatos maullar Mozart.
Los perros entraban a los baños públicos para hacer sus necesidades. Seguí
corriendo, corriendo y cantando. El ambiente se llenó de aromas frescos, de
aromas “vientescas”. Pisé excremento de pájaro.
Muchas cosas que para mí eran anormales en algo “real” eran
posibles. Muchas personas que conocía se volvieron sus contrarios. Pero, ¿por
qué yo no me convertía en contrario?. No tengo la menor idea, pero me sentía
bien porque podía disfrutar todo lo que yo veía y escuchaba. Entonces tengo
muchas cosas que aprender ahora que la realidad es otra.
Después de largas horas de poder cantar con unos amigos que
conocí en esta nueva vida (que me hace tan feliz) pude dormir como nunca,
sabiendo que mañana las clases no iba a ser clases. Sólo que los gritos de la
vecina no me dejaban dormir. Entonces opté por escuchar una canción. Me puse a
ver las estreñas que tan cerca las tenía, pude undir mi rostro en la luna y
saber que era más comoda que una almohada, no era sólida ni liquida, era una
sensación extraña. Me regaló su brillo plateado y me dijo: Eres sólo un
pasajero. Cantaba mientras
escuchaba una canción:
I am the passenger
And I ride and I ride
I ride through the city’s backsides
I see the stars come
Out of the sky
Yeah the bright and hollow sky
You know it looks
So good tonight
And I ride and I ride
I ride through the city’s backsides
I see the stars come
Out of the sky
Yeah the bright and hollow sky
You know it looks
So good tonight
(Iggy pop)
Dormí entonces, bajo el encanto de la luna y del sueño… y de
los gritos de la vecina.
Desperté y la luz del Sol terrestre, me sorprendió, porque
iluminó todo. Entonces salí corriendo a respirar aire verde. Todas las hojas
estaban regadas en el suelo, la luz provenía del cielo y toda mi ilusión de
poder disfrutar una nueva “realidad” se esfumó. Destino sólo se fumó un
cigarrillo de mi vida.
Vi a un pajarillo nacer de su cascarón, era hermoso, de
plumas castañas, de ojos bellos, de un lunar negro y voló hacia el Sol.
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