Te
espío. Desde que cerraste la puerta de tu cuarto, te espío. En ese pequeño
orificio de tu puerta, mantengo mi visión atenta a cada movimiento tuyo y
cuando no te veo, mi cuerpo suda, mi cabeza se cae y mantengo el oído cerca de
las paredes de plafón. Sí, te espío.
Cuando
cerramos la puerta, lo único que recuerdo son tus ojos. Aquellos ojos
indescriptibles, brillantes y siempre que te espío, mi mirada se dirige a tus
ojos, no importa que miran, el destello de tus luz a través de tus ojos son
siempre la luz de una pequeña esperanza del cajón que guardo celosamente.
Quisiera verlos de cerca, quisiera tenerlos frente a mí y ver con claridad esas
luces que parecen destellos en un lago transparente. Quisiera… pero sólo te
espío.
Te
espío con mis manos, mi voz, mi canto, mis sueños asquerosamente dulces e
irreales. Te espío con estas simples letras.
Te
veo por esa rendija, te deseo. Un deseo no carnal, no sentimental. Te deseo y
que pena que no sepas de qué manera lo hago. Siento tu piel entre el aire y mis
manos, tu sudor y el aire, tus labios rosas se desvanecen en una sonrisa blanca
que cuelga de mi pared. Te saboreo en la nada, te miro los ojos en la luz
reflejada de mi ventana, te escucho en canciones que recuerdo, te tengo a lado
de mí cada que cierro mis ojos. Allí en esa oscuridad negra, siento tu más profunda piel. Siento como desgajo tu espalda, cómo tus manos
me toman los labios como copa de vino. Siento como si tus ojos me besaran el
cuerpo. Como si tu risa susurrante, me acariciara la cara y mi cuello. Yo toda
soy agua y vapor y emano tu perfume de piel.
Pero
sólo te espío, te miro deseosa de algo que tú nunca entenderás y que es una
pena. Es que no importa que tan banal seas, me importa que abras esa puerta, me
veas la cara, los ojos y entiendas. Y te espío de todas las maneras que
encuentro porque viendo tus ojos, tu risa, tus manos, tu dulce piel me llena de
felicidad y deseo que necesito dibujarte en el aire, cantarte con mi voz
quemante y mi delirante pensamiento.
Yo
sé que todo mi esfuerzo de que me comprendas pasará de puntitas por tu mirada
bella. Lloro porque nunca me entenderás.
Entre
este delirio y esquizofrenia entonces decido dibujarte una vez más, decido
explicarte por última vez mi deseo, con palabras que jamás leerás y, aunque lo
hice con mi voz, jamás la escuchaste. No importa… ya cerraré el ojillo en donde
te espiaba.
C.V.
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