miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cepillabas tu cabello y salpicabas la sábana de agua tibia. Los aromas de tus cremas hacían que mi nariz y piel se estremecieran y quisieran tocar tu deliciosa piel perfumada. Tu piel morena y bella, esa piel que al tocarla, simplemente, te estremeces y me haces pensar que eres la mujer más sensual que he tenido. Pero en ese momento, sólo cepillabas tu cabello. Realmente nunca pensé que llegara el momento, aquel en que te llegase a ver como cepillas tu cabello en las mañanas, como es que te paras para prender el boiler, como es que con un beso me despiertas. Sí, nunca pensé que llegaría el momento de compartir un piso, una vajilla y una televisión. Y ahora te veo allí, cepillándote el cabello, aspirando tu aroma, viendo tu morena piel que se embellece con los primeros rayos del sol de la mañana.
Entonces te volteas y me ves; me sonríes y te sonrojas. Tu brassier es color piel y tienes puestos tus pantalones de mezclilla. Te acercas y tomas mi despeinada cabellera con tus manos suaves y aromáticas; me besas. Nunca pensé besarte estando completamente solos en la mañana, en una casa. ¡Qué bella eres!.
Me preguntas que deseo de desayunar mientas te pones tu playera, pero yo sólo te veo, porque no concibo que esté allí en una cama, semi desnudo, sólo contigo. Recordaba que “ayer” estábamos en un café y me veías tocar; recuerdo que te había fascinado, que nos frustramos porque no podíamos vernos bien… y ahora… me preguntas que deseo de desayunar.
Como no te respondo, me dices que te diga (siempre has sido berrinchuda), entonces te digo (como siempre) lo que tú quieras, lo que hagas me gustará. Y tu cara de siempre. Te volteas y recuerdo cuando te volteabas y tenias una cintura bella, y ahora más bella que antes.
El clásico olor a tus mañanas: el café. Mientras me despierto y me meto a bañar, tu cantas y bailas, tomas un sorbo de café, todo eso, mientras preparas el desayuno. Escucho tu voz entre el sonido del agua caer de la regadera, escucho los platos como se golpean. Salgo del baño y, aunque no te importa mi húmeda piel, te cuelgas de mi cuerpo y me besas. ¿Desde cuándo haces eso en las mañanas?.
Desayuno contigo, reímos y lavamos nuestros dientes; juntos, todo lo hacemos juntos, solos en una casa, en la mañana de un lunes. Recuerdo que te veía los lunes en la tarde y luego te ibas corriendo a la clase de música. Ahora ya no te veo poco tiempo, te tengo todo el tiempo, ya no corres, te llevo en mi auto y si, sigues en clases de música; la diferencia radica en que es profesionalmente. Yo, mientras tanto, estudio en facultad, voy y vengo, toco mi guitarra y ensayo con mi amigo “Dany”. Ese mismo con el que toqué en un café hace algún tiempo atrás. A pesar de que estamos en el mismo campus, estamos en diferentes edificios y ella, mi ahora mujer, en otro lugar.
Raro ver en qué se convierte uno y con quién termina uno. Yo si quería estar con ella mucho tiempo, pero soy sincero, nunca pensé que viviría con ella. Recuerdo que mucho tiempo nos llevó realizar esto. Ella y yo, planeábamos la renta, los servicios, la comida… todo. Tuvimos ayuda, ya que la suerte estuvo de nuestro lado y sin tener tanto que buscar, tuvimos un lugar donde vivir. En el sur se encontraba mi departamento. A ella le gusta el sur y a mí me conviene.
También recuerdo que ayer en la noche, antes de dormir la vi poniéndose su camisón “hippie”, entonces, como hacía frío, se marcaron sus pezones y sin más que dudar me prendieron. La espiaba sí, pero es mi mujer, ¡me fascina mi mujer!. La tomé por la cintura y comencé a hacerle cosquillas con mis besos. La olfateé y toqué sus senos. Su cabello era suave y su perfume me excitaba más. Es ella la razón de mi desvelo, siempre lo ha sido. Entonces sin más ni menos en esa cama, en ese cuarto, en ese piso, en esa casa… estábamos solos, completamente solos y allí en ese instante le tomé por todos lados, la besé hasta el cansancio, la amé y ella a mí, no hubo un fin hasta que yo dejé libre el principio de la vida humana y ella, cansada, extasiada, me abrazó me besó, toco mi espalada. Yo su rostro húmedo y besándola con ternura le dije que no sabía cuánto la amaba y cuan feliz era yo de que ella fuera mi mujer, toda mía y toda mía será.
Pasamos frío y calor juntos. Andamos de la mano siempre que salimos, espero a que salgas de tu trabajo y cenamos juntos. Hacemos el quehacer y la comida. Todo juntos.
Y ahora te veo allí, cepillando tu cabello, salpicando de agua tibia la sabana salpicada. Y pensando que eres tú mi mujer, la que vive conmigo, la que es mía y la que perdura, porque perdurará hasta que ella muera o yo.
Cada vez que la veo, la amo más que hace algunos años.
  Cv

1 comentario:

  1. Que Seshat te siga brindando su favor, mi querida amiga música.
    Un fuerte abrazo.

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